Linus Carl Pauling ( Portland, 28 de febrero de 1901 - 19 de agosto de 1994) fue un químico estadounidense y una de las mentes más preclaras del siglo XX. Él mismo se llamaba cristalógrafo, biólogo molecular e investigador médico. Fue uno de los primeros químicos cuánticos, y recibió el Premio Nobel de Química en 1954, por su trabajo en el que describía la naturaleza de los enlaces químicos.

Pauling es una de las pocas personas que han recibido el Premio Nobel en más de una ocasión, pues también recibió el Premio Nobel de la Paz en 1962, por su campaña contra las pruebas nucleares terrestres. Pauling hizo contribuciones importantes a la definición de la estructura de los cristales y proteínas, y fue uno de los fundadores de la biología molecular. Es reconocido como un científico muy versátil, debido a sus contribuciones en diversos campos, incluyendo la química cuántica, química inorgánica y orgánica, metalurgia, inmunología, anestesiología, psicología, decaimiento radiactivo y otros. Adicionalmente, Pauling abogó por el consumo de grandes dosis de vitamina C.

Linus Pauling. Premio Nobel de Química (1954). Premio Nobel de la Paz (1962). Sin duda una tarjeta de visita imponente y con motivos de sobra para que demos crédito a los escritos de este hombre.

Esto podía suceder en Europa, pero sin duda no en Estados Unidos. Allí nada se da por adquirido de modo definitivo. Todo se merece y se obtiene mediante una duda sistemática de los conocimientos y del valor de cada persona.

Cuando Linus Pauling publica su primera obra sobre la vitamina C y el cáncer, alcanza la suficiente resonancia como para provocar una polémica en torno a este tema, y no sólo de la vitamina C, sino de las concepciones de vanguardia de este hombre de este hombre inquieto (lo que él llama a partir de 1968 con el nombre un poco bárbaro de «la medicina ortomolecular»). La idea de tratar a los enfermos restableciendo su equilibrio fisiológico mediante sustancias naturalmente presentes en el organismo, es de vanguardia. Va a contracorriente de la concepción habitual: una enfermedad se cura con medicinas.

Por este motivo se contradice a Linus Pauling, se critican sus demostraciones, incluso con argumentos -como lo demuestra en su última obra- que no respetan ni la forma ni el fondo de sus escritos. Por esto reincide e insiste en la obra How to live longer and feel better, una obra sólida. Un trabajo cuidado, con una bibliografía impresionante (como para dar jaqueca). Este hombre por cierto, sabe de lo que habla. Ha estudiado el problema, ha leído sobre él y ha comprendido. Cada argumento tiene su fundamentación, y las afirmaciones contra sus detractores caen como cuchillas de guillotina.

Polémica sobre el empleo de vitamina C en dosis fuertes

Así es como en 1969 Linus Pauling se encontró mezclado en una polémica sobre el empleo de la vitamina C en dosis fuertes. La revista Mademoiselle cita al doctor Frederik J. State, a quien presenta como uno de los grandes nombres de la nutrición en Estados Unidos, quien refuta la utilidad de la vitamina C para el resfriado. Para esto se apoya en un estudio hecho en la Universidad de Minnesota, en el cual 2.500 estudiantes habrían tomado vitamina C durante 2años, mientras otros 2.500 tomaban un placebo.

Pauling demuestra que el estudio al que hace referencia el doctor Stare: fue publicado de hecho en 1942 (por Conan, Diehl y Baker); se trataba de 400 estudiantes y no de 5.000; el estudio duró 6 meses y no 2 años; se administraron 200 mg diarios de vitamina C y no dosis altas.

Sin embargo, los autores señalan también un 31% menos de tiempo de enfermedad por sujeto en cada uno de los que tomaron la vitamina C. Este "detalle" muy positivo a pesar de la dosis pequeña, ¡es silenciado por el doctor Stare!

En 1976, Pauling publica, con Evan Cameron, un estudio hecho en el hospital Vale of Leven sobre el nivel de supervivencia de 100 pacientes enfermos de cáncer en fase terminal, a los que se les administra vitamina C, con un grupo testigo de 1.000 pacientes en un estado inicial similar, tratados por los mismos médicos, en el mismo hospital y de forma idéntica, excepto en lo relativo a la vitamina C. Las comprobaciones son sorprendentes, puesto que "los 100 primeros pacientes tratados con el ascorbato (vit. C) han vivido, por término medio, 300 días más que los otros, y nos parece que han vivido más felices durante esta fase terminal. Algunos de ellos están aun vivos y toman diariamente su dosis de ascorbato de sodio; algunos pueden considerarse como sanados de su enfermedad, en el sentido que ya no tienen sítomas manifiestos de cáncer y llevan una vida normal" (Pauling).

Un estudio similar se realizó a partir del 1 de enero 1973, durante 5 años, en el hospital Fukuoka Torikai de Japón (Morishige y Murata). Obtuvieron los mismos resultados que los que había obtenido Pauling en el hospital Vale of Leven. Por el contrario, trabajos realizados en la clínica Mayo obtuvieron como resultado un efecto protector débil de la vitamina C. Después de analizar los resultados, Pauling demostró que:

los enfermos de la clínica Mayo ya habían recibido anteriormente fuertes dosis de medicamentos citotóxicos (quimioterapia);

¡que el lote testigo recibía una dosis de vitamina C mucho más elevada que en los otros dos casos (Vale of Leven y Japón)!

En un segundo estudio de la clínica Mayo (Moertel y col., 1985), Pauling observa que la ingestión de vitamina C sólo se mantuvo durante 10 semanas promedio, y que los "pacientes con vitamina C" ya no recibían vitamina C desde diez meses antes de su fallecimiento...

En vista de estas anomalías en la experimentación, más o menos deliberadas, tenemos derecho a preguntarnos si no hay en ello una voluntad de no querer reconocer lo evidente...

Desinterés por una sustancia natural

Según dice el propio Pauling:

«Podemos preguntarnos por qué médicos y autoridades en nutrición se muestran tan poco entusiastas respecto a una sustancia de la que se ha señalado, hace más de 40 años, que disminuía las afecciones debidas al resfriado en un 31 por ciento, a condición de ser tomada de forma regular en cantidades diarias relativamente débiles. Muchos factores han contribuido a esta falta de entusiasmo.

Cuando se busca un medicamento para combatir una enfermedad, se ponen en marcha muchos medios para encontrar uno que sea eficaz al cien por cien. (Debo confesar que no comprendo por qué Cowan, Diehl y Baker no repitieron su experiencia utilizando dosis diarias mayores de vitamina C). A pesar de una toxicidad sumamente baja, al parecer predominaba la idea de que el aporte de vitamina C debía mantenerse lo más bajo posible. Es una actitud muy adecuada con los medicamentos, en cuanto sustancias que no están presentes normalmente en el cuerpo humano y que tienen casi siempre una toxicidad muy elevada, lo que no se aplica a la vitamina C.

Otro factor ha sido, probablemente, la falta de interés por parte de las compañías farmacéuticas para una sustancia natural, que se obtiene a un precio bajo y que se puede fabricar sin necesidad de licencia especial. ¡Qué pena! Porque aquí tenemos una sustancia capaz de eliminar el resfriado de la existencia humana.»

¡Es evidente que Pauling tiene toda la razón!

¿Toda? No necesariamente, y de hecho podemos no estar de acuerdo con las megadosis que preconiza (18 g. e incluso 200 g al día). Pero se trata de casos excepcionales. (Por otra parte, los estadounidenses nos han acostumbrado a semejantes extravagancias en todos los dominios y su alimentación sufre tal estado de carencias, que no es extraño que puedan soportar semejantes dosis.)

Por lo demás, la experiencia de Pauling sobrepasa en mucho la de sus detractores. Como lo dijo muy claramente, las necesidades de cada cual son diferentes según su herencia, su modo de vida, su enfermedad. ¿Quién podría conocer realmente las cifras exactas de nuestras necesidades de vitaminas? En este campo todo son suposiciones, estadísticas, deducciones... Sólo Linus Pauling ha realizado un verdadero trabajo de experimentación, y por tanto merece respeto y consideración. Entonces, ¿por qué falsificar sus conclusiones?

Medicina Ortomolecular

El nombre Ortomolecular lo acuñó el Dr. Linus Pauling, debido a que proviene del elemento griego Orto, que significa “correcto” y molecular en referencia a las moléculas de los nutrientes necesarios para el correcto funcionamiento de nuestro organismo.

Se considera que las enfermedades son causadas por desequilibrios moleculares que son corregibles mediante la administración de las moléculas nutritivas adecuadas en el momento correcto. Estas causas, se cree, originan aberraciones bioquímicas, cuya acumulación dan lugar a los síntomas e indicios, de los cuales se sigue la percepción de un estado de enfermedad. Algunas enfermedades clínicamente evidentes se pueden describir como conjuntos difusos de anomalías bioquímicas.

Además de las clínicas estándar, los doctores y nutricionistas ortomolecularesemplean la clínica, como en la medicina oriental, el pulso, la temperatura corporal, el color de la tez, y un cuestionario muy amplio sirven para observar como se encuentra internamente ese organismo, el funcionamiento de todos los sistemas y qué hace falta para reestablecer el equilibrio elobjetivo sería “Encontrar la forma de proporcionar a cada persona la concentración óptima de las sustancias que están presentes en nuestro organismo con el fin de corregir alteraciones y mantener una buena salud”. Este objetivo se consigue a través del uso de sustancias y elementos naturales que ya existen en el organismo, como vitaminas, minerales, oligoelementos, aminoácidos, hormonas y antioxidantes, pero en dosis más elevadas o megadosis.

¿Por qué nace la Medicina Ortomolecular?

Nuestro cuerpo fue diseñado perfecto para que funcionara de tal manera, y no es un secreto para nadie que hoy en día queda poco de esa perfección, pues las enfermedades que antes parecían extrañas se están convirtiendo en el pan de cada día y no discriminan edades. Tampoco es un secreto para nadie la relación tan estrecha que hay entre nuestra nutrición y nuestra salud.

La Organización Mundial de la Salud nos indica que el cuerpo humano necesita 48 nutrientes básicos diarios para vivir plenamente, pero que solamente le damos un promedio diario de 25 nutrientes básicos que a su vez se ven alterados por los malos hábitos alimenticios que tenemos y el nivel de toxicidad que contienen.

Nuestra salud es el resultado de lo que comemos, tomamos y respiramos todos los días. Y todos los días no comemos lo que nuestro organismo necesita sino lo que nos gusta.

“Que tu alimento sea tu medicina, que tu medicina sea tu alimento” Hipócrates

“Si los médicos de hoy no se convierten en los nutricionistas del mañana, los nutricionistas de hoy serán los médicos del mañana”. Alexis Carrel, premio Nóbel de medicina en 1912.

http://elperello.blogspot.com/2009/10/cancer-metodo-gerson.html

http://www.gersontreatment.com/historia.html

El Milagro Gerson/The Gerson Miracle(completo y en español sub) - YouTube

Max Gerson, M.D., nació el 18 de Octubre de 1881, en Wongrowitz, Alemania. Estudió en las Universidades de Wuerzburg y Berlín y finalmente se graduó en la Universidad de Freiburg. Debido a que padecía de migrañas dedicó sus primeros esfuerzos a experimentar con la nutrición para prevenir los dolores que tanto le debilitaban. Uno de sus pacientes, siguiendo la dieta para la migraña que el Dr. Gerson había desarrollado para sí mismo, se curó también de la tuberculosis que padecía. Este descubrimiento le llevó a investigar más sobre la nutrición y a tratar con éxito a muchos pacientes que sufrían de tuberculosis.

A través de su trabajo con la tuberculosis, en 1930 el Dr. Gerson se hizo amigo de Albert Schweitzer, M.D. y Premio Nobel de la Paz. Su mujer, Helene, que llevaba 7 años con tuberculosis, ingresó a la clínica del Dr. Gerson y se curó en 9 meses. Incluso la diabetes avanzada (tipo II) del Dr Schweitzer se curó con la terapia nutricional del Dr. Gerson. Schweitzer observó el progreso del Dr. Gerson durante años y vio cómo la terapia nutricional daba buenos resultados incluso con otras enfermedades como afecciones cardíacas, fallos renales y finalmente con cáncer.

Huyendo del régimen de Hitler en Europa, el Dr. Gerson se mudó con su familia a los Estados Unidos, instalándose en Nueva York. En 1938 el Dr. Gerson pasó sus exámenes médicos y obtuvo la licencia para practicar la medicina en el estado de Nueva York. Durante 20 años hasta su muerte, trató y curó a cientos de pacientes de cáncer que habían sido desahuciados después de que los tratamientos convencionales habían fallado.

“Veo en el Dr Gerson a uno de los genios más eminentes en toda la historia de la medicina” - Dr Albert Schweitzer, galardonado Premio Nobel de la Paz y paciente del Dr Gerson. Charlotte Gerson Fundadora del Instituto Gerson Nacida en Alemania, Charlotte Gerson era la hija más joven del Dr. Max Gerson. Ayudó a su padre traduciendo, escribiendo estudios y cuidando a sus pacientes. Cuando el Dr Gerson murió en 1959, Charlotte continuó publicando y vendiendo su libro, “A Cancer Therapy: Results of 50 Cases”. Como resultado de sus conferencias la demanda por la Terapia Gerson se acrecentó.

Charlotte Gerson fundó el Instituto Gerson en 1976 para que la Terapia estuviese al alcance de todo el mundo. En 1977 ayudó a establecer el primer hospital dedicado a la Terapia Gerson en México. También ayudó a crear un programa de enseñanza para Profesionales de la Salud. Hoy en día continúa educando a médicos, pacientes y asistentes. Charlotte Gerson ha mantenido la llama de los descubrimientos de su padre encendida al dar conferencias internacionales, vendiendo los libros de su padre, escribiendo y publicando sus propios libros, produciendo documentales y acudiendo a entrevistas de radio y televisión. Cada semana visita la Clínica Gerson en México para aconsejar personalmente a los pacientes. Continúa guiando a cientos de personas por el camino de su recuperación e inspirando a miles de personas en todo el mundo. El Legado Gerson